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El Sábado esta Dedicado a Maria Santisima

El Sábado esta Dedicado a Maria Santisima

EL SÁBADO ESTÁ DEDICADO A MARÍA SANTÍSIMA

Desde los más remotos tiempos de la Iglesia,
el sábado
ha sido, en la piedad de los fieles
y en la liturgia católica, el “día de María”.
Como el domingo está divinamente consagrado
por la Resurrección del Señor, así el sábado
ha sido dedicado especialmente a María: La
Santa Iglesia dedicó para ese día un oficio
especial y hasta concedió una misa propia,
“De Beata Virgine in sabbato”.

Importantes motivos justifican el haber
escogido el sábado como día consagrado
a María.

Si el día de Pascua es el día glorioso de
la Resurrección de su Hijo, el Sábado
Santo fue en la vida de María un día
infinitamente digno de ser consagrado
a su honor por nuestra filial devoción:
en la casa de San Juan, María durante
ese santo día sigue siendo la Madre de
Dolores, pues su Hijo yace todavía en
el sepulcro; pero ya María, Madre de la
santa Esperanza, apresura con sus
oraciones y sus santos deseos la hora de
la resurrección de su amadísimo Hijo.

El día está fijado: resucitará al tercer
día como lo anunció, pero la hora se
ignora y se puede suponer que ella la
apresuró; resucitará en el alba del
domingo.
Entre todas las vigilias por las cuales
la Santa Iglesia se prepara las grandes
solemnidades, ninguna es tan sagrada como
la vigilia de Pascua, el Sábado Santo, y
de esta suerte el sábado es verdaderamente
digno de ser el día de María, así como el
domingo es el día del Señor.

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El sábado es la puerta del domingo; siendo
María para nosotros, la puerta por donde
vamos al Reino Celestial, simbolizado por
el domingo, el sábado debe serle consagrado.
Es conveniente que la solemnidad de la Madre
sea como la vigilia o la aurora de la del Hijo.

Convenía que el día en el cual Dios descansó
después de la creación, fuese solemne como ha
sido desde toda la antigüedad. Y el mejor
medio de solemnizarlo, ¿no es acaso consagrarlo
a la Madre del Verbo por quien todo ha sido hecho?
Los santos han santificado con piadosas prácticas
este día consagrado a la Santísima Virgen: San
Bernardino de Siena, San Nicolás de Tolentino,
San Leonardo de Puerto Mauricio, Santa Isabel
de Portugal, se habían prescrito como práctica
en honor de María el ayunar todos los sábados;
San Luis reunía a los pobres y los servía él
mismo ese día, y, según su pedido, murió en día
sábado; San Gregorio Magno, cuenta en sus Diálogos,
que el beato Diosdado, sencillo artesano, iba todos
los sábados a la iglesia de San Pedro de Roma, y
distribuía entre los pobres que encontraba el
resto de lo ganado en la semana.

La Madre de la Divina Misericordia mostró un día
a uno de sus siervos un palacio de oro que los
ángeles construían en el cielo los días sábados
para Diosdado; el Padre Olier pasaba este día
como día de fiesta y celebraba la Santa Misa en
la Catedral de Nuestra Señora de París; San
Alfonso predicaba todos los sábados sobre las
misericordias o magnificencias de María; todos
los sábados el Hermano Muciano María, de las
Escuelas Cristianas, tomaba su cena de pie o
de rodillas y el último sábado de su vida, ya
extenuado, rezó las letanías de la Virgen con
los brazos en cruz, como solía hacerlo desde
hacía sesenta años.

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